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VI
LLegan las diez
y en el huerto
oráis al Padre
postrado;,
haced, mi
Jesús amado,
que os pida yo
con acierto.
VII
Sudando sangre
a las once,
os contemplo
en la agonía.
¿Cómo es
posible, mi Dios,
no agonice el
alma mía?.
VIII
A las doce de la
noche
os prende la
turba armada,
y luego en
casa de Anás
recibís la
bofetada.
IX
A la una el
blasfemo impío
Caifás os nota
y enseguida
contra vos
la chusma vil
se alborota.
X
A las dos falsos
testigos
acusan vuestra
inocencia.
¡Qué impiedad,
qué descaro,
qué
indignidad, que insolencia! |