AÑO: 2002 - 2º  PREMIO.

 

MUJER RURAL ¿QUIÉN TE HA VISTO Y QUIÉN TE VE?....

 

 

¡ Ay! Mujer rural, ¿quién te ha visto y quién te ve?...

Cuando antiguamente ibas ataviada con pañuelo negro sobre tu melena, dejando ver tus mejillas sonrojadas, quemadas por el sol como si fueran amapolas en un campo de trigo.

Tus manos morenas y agrietadas por la hoz, cada arruga un suspiro, cada grieta una ilusión y tus pies hinchados de tanto trajinar.

Tu pelo al viento y tu saya larga tapando tu pudor. Por la calle vas con modestia, sin volver atrás la cabeza, ni tan siquiera para salir al encuentro de las miradas de los hombres.

Mujer de campo, ¿quién te ha visto y quién te ve?...

Cielo azul en campo abierto, cuatro chopos, diez encinas vas contando, y mientras vas caminando, piensas: ¡Qué trabajo nos manda el señor!

Vives en un pueblo hermoso, rico en escudos y emblemas, pero siendo así, no olvidas que también tienes problemas. Mujer callada y aplicada, la que siempre otorga, la que nunca habla, pero que piensa y calla.

¿Es qué todo está bien para ti, mujer? Abre tu corazón y explota ¿qué te puede suceder? Vamos, mujer, tienes mucho que ganar y nada que tú puedas perder.

Mujer campesina ¿quién te ha visto y quién te ve?...

Pura y dura, también a veces ruda, viejas piedras de oro viejo te rodean, vieja historia que va y viene y algunos cuentan.

El pueblo de siempre, es la tierra que posees. Paseas por el campo, miras los ojos del pueblo, piensas, juzgas y examinas, tu sola, por ti misma, ¡qué lejos has llegado! No te rindas ahora, que el triunfo quiere verte, no te canses, no te aflijas, conseguirás lo que quieres mujer campesina, límpiate el sudor de tu frente.

Mujer rural, ¿quién te ha visto y quién te ve?...

Eres bella y un poco altiva, cortaron tus alas pero pronto volarás. Aliento de vida, donde poder amar. Tierra virgen, tierra dura, como noche oscura de invierno, no tienes libertad. Nunca pronunciaste su nombre ¿dónde estás, que no te siento? Mi querida libertad. Entre encinas y helechos donde nadie te oye, una tarde sentiste la necesidad de gritar, nadie sabe que existes, pero algún día lo sabrán.

Entre flores, aire, agua y toda esta tranquilidad ¡cuántos quisieran estar en tu lugar! Mujer aislada, no estas sola, somos muchas que estamos como tú, somos tantas... que por el norte o por el sur de nosotras oirán hablar.

Mujer rural, ¿quién te ha visto y quién te ve?...

¡Qué bonito es ser mujer! Porque estés donde estés, vivas aquí o allá, eres mujer y madre también. Libre para poder volar y tocar con las alas las nubes, sin necesidad que nadie te ayude. Libre como el viento y el tiempo, hacer lo que tu deseas y cuidando que nadie te hiera. Tú mujer, estás presente, cuando ya han amanecido mil auroras, empiezas a sentir que tu corazón cada día está más fuerte.

No llores por aquello que perdiste y que nunca volverá ¡mira cómo estabas! y mira cómo estás. Mírate con orgullo al espejo, y fíjate en el brillo de tus ojos, brillo que solo una mujer puede envidiar. ¡Despierta¡ todavía hay mucho que caminar.

Mujer de campo, ¿quién te ha visto y quién te ve?...

Ahora tus manos son finas y blancas, rodeada de rosas y pensamientos, tomas el fresco en el jardín de tu bello huerto.

Delicada y sensible, fuerte, valiente, ya no se turba tu mente ni pierdes la calma.

Mujer campesina, vales tu peso en oro y a nadie tienes que envidiar. La injusticia y el fracaso te ponen de mal humor, pero tu corazón ya no llora ¡por suerte!, y aunque tu mente, el pasado presente está, ya no lo sientes.

Correteas por el campo y por las calles vas cantando, te paras a soñar, ves un pueblo bello y a tu alrededor mucha gente con ganas de prosperar.

En tu pueblo creciste, amaste y te amaron, unos días eran alegres y otros amargos. ¡No te duermas compañera! tu vida aquí está, cada puesta de sol, cada amanecer te pertenece, habla mujer, hazte ver, grita y siente, dile a todo el mundo, que aquí está tu gente.

Mujer de campo, campesina o rural ¡qué más me da!

¡Pero quién te ha visto y quién te ve!

Orgullosa puedes estar, posees todo o casi todo, porque te lo mereces, pero no bajes la guardia, todavía hay mucho que decir y mucha guerra tenemos que dar.

Todas juntas y en hilera, como si de una cuerda se tratara tejeremos un lazo; el de la amistad. Recordaremos viejos tiempos, ya no tenemos en la vida tanta pena que dar. Pero... no nos quedemos en eso, a poco que mires verás, que todavía hay mucho dolor en nuestras aldeas; ¡ no es todo verde en la sierra!

¡Cómo pasa el tiempo! ¡Pero que no sea un tormento!

El tiempo pasado... ¡BAH!

Tiempo futuro ¿quién lo verá?

El presente, sin yo querer, se me va de las manos.

Aunque la vida algún tiempo fue mal, sentirla me fascina.

Aún estoy tratando de subir un poco, siendo tan poco, ese “poco” saciará mi alma.

¡Si es casi nada! Pero me hace mucha falta, no pierdo la calma.

Esperaré en mi pueblo ese “casi nada”.

 

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María Martín Rodríguez

(Cabeza de Caballo - Salamanca)