AÑO: 2005 - ACCÉSIT.

 

ALGO MÁS QUE UNA AMISTAD...

Unas grandes y agrietadas manos lavaban con entusiasmo e ímpetu una camisa ya amarillenta, vieja y roída en sus grandes y deshilachados puños. La señora María que tenía fama de ser muy apañada y buen ama de su casa, todas las mañanas después de la limpieza rutinaria de la casa cogía su lavadero, su trozo de jabón casero, un serón lleno de ropa y ¡Ala ¡ ¡ al asunto¡. 

Mientras daba rápidos y continuos refregones a pantalones, camisas, calcetines ... de su marido, la señora María pensaba cómo llevar una peseta más a casa, pues en los años que corrían, y con cuatro bocas para alimentar, no sobraba el dinero. Mientras sus manos se movían enérgicamente con la ropa, arriba , abajo... refriega que te refriega... se le ocurrió buscar un trabajo como asistenta de alguna de esas familias ricas del pueblo, si, era una excelente idea, ella que tenía fama de saber cómo se limpia en condiciones una casa, no le costaría encontrar a alguien que la necesitara.

Así, esta buena mujer, con una apariencia agradable y aspecto tranquilo, levantó sus rodillas doloridas del suelo y recogiendo sus atuendos rápidamente encaminó el paso calle arriba hacia su barrio. Al llegar a la puerta de su casa, retiró las cortinas y vio que Julián, su marido, la estaba esperando sentado en el escaño , muy serio y cabizbajo. Hablaron largo y tendido, marido y mujer de una deuda importante que debían subsanar de inmediato. Julián atizaba la lumbre, haciendo elevar miles de motas incandescentes, que subían con su baile suave, cual bailarinas profesionales en el estreno de una de sus funciones. María mientras tanto, ponía la mesa y sacaba las judías de la cacerola que había colocado junto a la lumbre..., después dijo a su marido:

- No te preocupes, Julián, esto en un par de días queda solucionado, esta misma tarde voy a hablar con la señora Antonia, ella sabe dónde encontrar trabajo y como buena vecina, nos echará una mano.

María pensaba ponerse a trabajar en lo que fuera con tal de sacar unas cuantas preocupaciones de casa y en momentos difíciles lo mejor era pensar en positivo, además ya lo decía el refrán "al mal tiempo, buena cara".

Fue después de la comida, mientras Julián estaba con el ganado en el campo, cuando María a través de su vecina encontró trabajo. Todos los días tenía que ir a limpiar una casa de una vieja viuda que más que limpieza, necesitaba compañía, su nombre era Enriqueta, pero todo el pueblo la llamaba "la manca" debido a que le faltaba la mano izquierda. En su día los médicos dijeron que era cosa de nacimiento, pero la falta de la mano nunca supuso un problema para ella, siempre fue muy orgullosa y todo lo que se propuso lo consiguió con creces, se había casado con un apuesto galán y de las mejores familias del pueblo, y aunque ella procedía de una familia muy humilde, parecía que se había criado entre algodones, su carácter, que siempre había sido bastante frío y distante, a raíz de la muerte de su  marido, se podría decir que se había agriado si cabe, un poco más.

Esa misma tarde tuvieron una charla ambas mujeres y Enriqueta contrató a María más que por la limpieza de la casa, para verse algo acompañada, ya que desde la muerte de su esposo casi no tenía visitas y pasaba los días escuchando la radio día y noche....

María, cuando regresó a su casa, y mientras freía algo de tocino y morcilla de la matanza que se hacía cada año, dio la buena noticia a todos, Julián no podía creerlo y los hijos abrazaron y besaron a su madre. Cristina, que era la hija mayor le ayudaría con la casa mientras ella estuviera con "la manca", y el resto, que eran todo chicos, seguirían ayudando a su padre en el campo como hasta ahora lo habían hecho....

Llegó el primer día de trabajo para la señora María, después de atender las labores de su casa, dejar la comida preparada y acercarse a los lavaderos del barrio como todos los días para lavar la ropa.... se fue hasta la calle principal del pueblo, allí era donde vivía Enriqueta. Entre los grandes y verdes árboles que inundaban esa bonita calle, se asomaban a los balcones voluminosos tiestos con petunias, geranios, alegrías... de todos los colores era una de esas mañanas del mes de Mayo, en que sale el sol e ilumina de una forma muy especial la vida de las personas, especialmente en los pueblos donde los inviernos se hacen tan tristes y duros para algunas.

Nada más entrar quiso María ponerse en marcha con la limpieza, pero Enriqueta, que en ese momento se encontraba leyendo el periódico en el salón, la invitó a sentarse con ella y charlar un rato.

- No creo que sea lo más indicado, Doña Enriqueta, yo debería... y antes de terminar María de hablar, Enriqueta la cortó.

- ¡Tonterías! ¡Ya tendrás tiempo de barrer! Además, el suelo está impecable, así que vente aquí conmigo, y nos tomamos un te, que ya se limpiará otro día.

De acuerdo... dijo María un poco sorprendida, y se sentó en una gran mesa que había junto al balcón, por el que entraban esos rayos de sol tan agradables, y en la que "la manca" le esperaba con el te y una sonrisa muy amigable.

Así fue como las dos mujeres, día a día, darla a charla, se fueron conociendo, María contaba a su familia la suerte que había tenido, y que a pesar de que Enriqueta tenía a veces su temperamento, se divertía con ella, hablaban de su niñez, de sus familias, se pasaban recetas de cocina, hacían ganchillo, bolillos, bordaban... en realidad María se hizo imprescindible para Enriqueta, y no por la limpieza, sino por la compañía que tanto anhelaba, y María había conseguido, además de una buena amiga, un poco de desahogo económico en su casa. Así, todos los días pasaban gran parte de la mañana juntas...

Un día Enriqueta no paraba de pasear de un lado a otro, el reloj de la sala marcaba las 11:00 h de la mañana  y María no había llegado aun, ¿qué le habría pasado?... De repente, su vecina Inés, que era un poco alcahueta, llamo a la puerta muy nerviosa, se lo explicó todo, por lo visto Julián, el marido de María, se había muerto de repente, un infarto... no sabían .... Enriqueta, antes de que Inés acabara de hablar cogió su bolso y salió corriendo hacia la casa de su amiga. . .no se lo podía creer.....

Después de 10 años y con el paso del tiempo, las dos amigas, que se habían ayudado mutuamente toda la vida, seguían hablando en la sala de Enriqueta, de sus respectivos maridos, ya quedaba lejos aquel día que se hicieron amigas, aquel día que murió Julián , aquel día que se dieron cuenta que solo se tenían la una a la otra , aquel día... si, ese día que se dieron cuenta de cómo se pasa la vida .... y siguieron charlando mientras tomaban su te, mirando por la ventana cómo caían las pequeñas hojas rojas, naranjas... de los árboles al suelo en aquella mañana otoñal y disfrutando la una de la otra, por que al fin y al cabo, era lo único que les quedaba a las dos.

 

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Almudena Chico del Pozo

Lumbrales