AÑO: 2007 - ACCÉSIT.

 

"LOCA".

 

La llamaban "la loca", y cierto era que así se sentía, muy cerca de la locura, muy alejada de la realidad. Con el paso de los días, se iba adentrando más en una oscura y profunda depresión, los recuerdos que conservaba del pasado ya estaban muy lejos, como si fueran situaciones y personajes de un cuento que le había tocado vivir, como si su vida la viera a través de un vidrio viejo, mojado y empañado por la lluvia fría y triste del invierno.

Todos los días recordaba el día en que su marido la había abandonado, ese día su vida había dado un giro de trescientos sesenta grados, retumbaban en su cabeza todas aquellas palabras tan frías y tan duras que salieron de su boca y que habían conseguido romperle el corazón .

Rebeca, que así se llamaba, era una mujer de unos cincuenta años, pero su aspecto físico de delgadez y abandono la hacían aparentar algunos más.

Había llevado una vida normal, después de terminar sus estudios de medicina, había encontrado trabajo en la farmacia de su pueblo y se había casado con un chico con el cual había tenido un hijo. Tenía amigos, trabajo, una familia... pero aquel día él le rompió esa vida, pasó de tenerlo todo a la nada absoluta. No pudo superar quedarse sola, criar a su hijo sin la figura paterna, los comentarios , los cuchicheos de los vecinos cuando todo se supo, no pudo; ni siquiera se apoyó en sus amistades, solo se aferró a su hijo y vivió una vida de madre soltera en un pueblo donde la única ayuda que recibió de su gente fue la crítica y burla por lo sucedido.

Pero ahora todo eso había pasado, hacía años que su hijo ya había formado su propia familia, vivía en el extranjero y solo lo veía una vez al año, en fechas navideñas, cuando la iban a visitar.

El resto de los días estaba sola, en una casa grande, demasiado grande... pensando, rememorando tiempos más felices y con el alma rota y abandonada a sus delirios, fantasías e historias.

Como una muñeca rota vagaba por las calles del pueblo a media noche, contemplando las estrellas, con sus ropas y joyas de entonces, ahora pasadas de moda; solo así sentía volver al pasado, a aquellos días en que paseaba su felicidad con su marido y su niño, hablaba sola, se reía, bailaba...

La gente que la veía se alejaba de ella, temía que algún día hiciera daño a alguien, incluso los niños se burlaban al verla pasar...

Rebeca se había alejado de todo, durante el día apenas salía de casa, evitaba a la gente que con tanta crueldad la trataba y la miraba, sin intentar nunca entenderla. Su casa estaba llena de recuerdos, su salón era luminoso, lo decoraba y redecoraba con fotos de su hijo y su nieto; grandes, robustas y esplendorosas plantas ocupaban también gran parte del lugar donde pasaba su tiempo, pesando y pensando y esperando el anochecer, para dar su paseo en la oscuridad y la soledad de la noche.

Ella se sentía muy sola, en continua melancolía, el hecho de escuchar cómo la llamaban loca le importaba poco, tal vez todos tenían razón y estaba loca de verdad, pero se había acostumbrado a esa locura y ya no podía vivir sin ella.

Lo que no sabía Rebeca es que todas las noches, cuando tenía su cita con las estrellas, había una persona que la acompañaba; él la conocía muy bien, habían sido amigos en su niñez, antes de que ella conociera a su marido.

Este admirador misterioso, pasaba la noche junto a ella siguiendo sus pasos, sus danzas..., vigilando cada movimiento de la que para él era la persona más fascinante que había conocido nunca.

Estaba loco por ella, toda la vida lo había estado, pero dejó que hiciera su vida, que se casara, que se quedara sola...; nunca se perdonaría el no haberse acercado a ella. había sido un cobarde, pero ya era demasiado tarde para hacerlo y se conformaba con verla cada noche y soñar en lo que hubiera sido de ellos si él no hubiera pensado tanto en la gente y hubiera seguido los impulsos de su corazón.

Así pues, todas las noches Rebeca y su admirador las pasaban juntos sin ella saberlo.

Ella soñaba con historias que la hacían feliz, él se sentía feliz solo con poderla contemplar. Y así se sucedían los días, los años.. y los dos fueron parte de un dulce cuento, de un sueño maravilloso que es el amor. Amor puro, loco y tan grande, que puede hacer que una persona se cierre a la vida, y viva solo para ver, recordar y soñar con otros tiempos que quizá fueron mejores.

Porque al fin y al cabo, señores, el amor, los sentimientos y las pasiones son lo que nos revuelve por dentro para vivir la vida. Y ...

¿ Quién no se ha vuelto loco alguna vez de amor?

 

Imprimir

Almudena Chico del Pozo

Lumbrales