AÑO: 2008 - ACCÉSIT.

 

"Y DESPUÉS DE LOS 40 ¿QUÉ?".

 

Soy una mujer que acaba de atravesar la fatídica barrera de los 40 tan temida por todas. No hace mucho leí un artículo que trataba este controvertido tema y lo más curioso de todo es que estaba firmado por un hombre, con lo cual pude deducir que ellos no están tan alejados de lo que nosotras pensamos. En él comentaba lo bellas, serenas, comprensivas y sensatas que somos a esta edad y que a pesar de las incipientes patas de gallo o de esa celulitis que capitanea nuestros muslos, pero que nos hace tan humanas y tan reales, lo bien que sabemos combinar libertad con coquetería, emancipación con pasión, reivindicación con seducción. Somos inteligentes, valientes, decididas y tenemos estilo. Una mujer de más de 40 se conoce lo suficiente como para estar segura de sí misma, de lo que quiere y sobre todo de lo que no quiere. En fin, ¿se puede pedir más?. Sin embargo, y por poner alguna pega, he de decir que a esta edad estás como en tierra de nadie; el porqué: te sientes joven como cuando tenías 20 años y sigues teniendo la sensación de que no desentonas en ese ambiente, pero eso no es así, aunque a veces parece que queramos engañamos a nosotras mismas y nos entra un cierto complejo de Peter Pan.

Una mujer de 40 tampoco se ve madura ¿no?, entonces yo me pregunto: ¿en qué punto estamos?, porque ni jóvenes ni maduras, eso sí por cada mujer de más de 40 inteligente, bien vestida, sexy, ingeniosa y divertida, hay un hombre con la misma edad calvo, gordo y barrigón..

Días atrás, en una tertulia de mujeres hicimos una reflexión bastante interesante respecto a los hombres. Nos preguntábamos porqué las canas en los hombres resultan interesantes y en la mujer dan un aspecto descuidado, o porqué a lo nuestro se le llama barriga y a lo suyo curva de la felicidad. En fin, no vamos a entrar en una competición dialéctica para ver quien se conserva mejor porque casi seguro que ganaríamos nosotras.

La mujer de más de 40 en el ámbito rural también cuida su imagen. Atrás quedan aquellas mujeres que a esta edad vestían de negro y cubrían sus cabezas con pañuelos, pareciendo abuelas cuando no lo eran. Nosotras nacimos en los 60, en plena "revolución sexual" y somos las herederas de las primeras corrientes feministas. Nuestra infancia la pasamos correteando por las calles y plazuelas del pueblo, jugando a la comba y al escondite mientras ahora la gran mayoría de niños se la pasan encerrados en casa con la Play, la DS, la Wii y el ordenador.

La adolescencia, edad complicada por excelencia, en un pueblo también se vive con mucha más independencia y libertad, que a esa edad es lo que se reivindica a todas horas. Aquí las cosas también han cambiado un poco. No hace tantos años en la pista de verano bailábamos lentos al compás de canciones de Police o Dire Strait y se llevaban los largos paseos por la carretera cuando la oscuridad se hacía nuestra cómplice , y sentados en las piedras del puente nos besábamos apasionadamente con nuestro primer amor. Ahora no sería lo mismo si para salir a pasear es obligatorio llevar el chaleco reflectante. La situación pierde todo el encanto y romanticismo.

Aún así, el adolescente en el ámbito rural y para tranquilidad de los padres, sabe quién es la persona que está tomándose una copa al otro lado de la barra, conocemos a sus amigos y tienen el privilegio de regresar más tarde a casa que los chicos que viven en una ciudad. En definitiva, yo soy de las que piensan que el vivir en un pueblo, en las distintas etapas de la vida, tiene bastantes ventajas, o por lo menos a mi me lo parece. Ahora empezamos otra, la de los 40 y espero que en ésta también podamos seguir disfrutando de esos pequeños privilegios que nos ofrece un pueblo pequeño y bien avenido como es el nuestro

 

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Rosa María del Pozo

Lumbrales