(Archivo sonoro de la visita guiada el 29 de septiembre de 2007 al castro de Las Merchanas

 por D. Eduardo Martín, director del Museo Arqueológico de Lumbrales.)

 

Distancia: 7 kms.

Castro de la Edad del Hierro.

El yacimiento se localiza en dos tesos defendidos por el río Camaces y por lienzos de muralla, accediéndose al recinto por dos puertas y dos portillos.

De este Castro, proceden el verraco y los restos de cerámica y mármoles conservados en Lumbrales (museo arqueológico, situado en la Torre del Reloj).

COMO LLEGAR AL CASTRO.

Desde Lumbrales tomamos la dirección a Bermellar, seguimos por la carretera de Bermellar y en el Km. 4 vemos un gran indicador del Castro de Las Merchanas, giramos a la derecha y tomamos un camino que nos llevará a una explanada que será el aparcamiento para automóviles. Desde allí (todo esta muy bien indicado) seguiremos por un sendero que nos llevará directamente al castro.

Carretera de Bermellar Km. 4 Camino Aparcamiento Sendero Mirador Molino Puente Muralla

(Cliclear sobre los diferentes lugares para ver las fotos correspondientes)

PREHISTORIA.

Los alrededores de Lumbrales poseen gran riqueza arqueológica. Multitud de yacimientos están diseminados por sus campos como testigos mudos de su prehistoria.

Situado entre los ríos Yeltes, Agueda y Duero, no lejos de otro pequeño río -el Camaces- presenta unas condiciones óptimas para ser habitat codiciado por los pueblos de la antigüedad. Sus pastos, excelentes, las buenas aguas y la abundante caza hacen de su entorno un lugar idóneo para el establecimiento de los pueblos primitivos, que huirían tanto de las llanuras resecas del resto de la provincia como de los arribes cercanos.

Zona poco estudiada por los eminentes arqueólogos. Sólo Gómez Moreno a principios de siglo, el P. César Morán, por los años 30, y el señor Maluquer de Motes, en la década de los 50, se han preocupado de hacer inventario y estudio de los yacimientos arqueológicos. En la actualidad, el señor Martín Valls ha tomado el relevo en el estudio y prospección de nuevos lugares, con lo que confiamos aumentar el mapa arqueológico de la zona.

Fruto de los trabajos de estos estudiosos son los datos que reseñamos a continuación, actualizados por la observación directa y constante durante bastantes años.

Nada se ha encontrado, hasta el momento, que permita suponer la presencia de los hombres del Paleolítico en esta comarca. Cuando Lumbrales adquiere verdadera importancia, como habitat humano, es durante el segundo milenio a. d. C., época en la que se desarrolla la llamada Cultura Megalítica Occidental.

Los megalíticos, que además de pastores y agricultores fueron tempranos prospectores metalúrgicos, eran portadores de un rito funerario en sepulcros formados por grandes piedras llamados dólmenes.

Gráfico perteneciente a la página web de la "Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León"

LAS MERCHANAS.

Es uno de los más importantes y mejor estudiados castros salmantinos. Está situado en la margen derecha del río Camaces, a distancia aproximada de un kilómetro, aguas abajo, del puente de la carretera de Salamanca. El castro está rodeado en su mayor parte de una gruesa muralla, construida de piedras sin argamasa, pero perfectamente encajadas entre sí. La técnica constructiva es la de dos paramentos -el externo en talud de 15°-20°­ y el espacio interior relleno de piedras menudas. Carece de cimientos y va adaptándose a la configuración del terreno. Donde las necesidades defensivas lo requieren, se ensancha hasta los seis metros de grosor. Donde la topografía del terreno la hace innecesaria, no se construye, como ocurre en el cerro del Oeste, que se despeña sobre el Camaces.

Para impedir el acercamiento de los hombres de a caballo, delante de la entrada principal posee una zona de piedras hincadas, característica común a otros castros de la zona.

Piedras hincadas

La superficie que encierra la muralla debe ser de 8 a 10 hectáreas, cifra no acorde con la que da el señor Maluquer, sin duda errónea y exagerada, de 53 hectáreas. Si bien hay que tener en cuenta que la superficie útil del castro sería todavía menor.

Su origen es claramente prerromano y pervive hasta el siglo V después de Cristo, en que es destruido durante las invasiones germánicas.

Durante el siglo IV después de Cristo hay asentado en él un destacamento militar que parece tenía como misión vigilar la explotación de las próximas minas de estaño del Noroeste.

El castro fue excavado por don Juan Maluquer de Motes, que centró su excavación sobre un edificio, del que queda aún una pared exenta, y en la necrópolis de baja época. La excavación del edificio proporcionó fragmentos de tégulas, monedas, sigillata tardía y restos de, al menos, dos estatuas de mármol.

De la necrópolis, que se extiende junto a la muralla por la parte Norte, se excavaron 36 tumbas de inhumación, destacando el ajuar de la número 17, con todos los utensilios propios de un carpintero. Algunas carecían de ajuar.

Desgraciadamente no se han hallado las otras necrópolis que debía poseer un castro de tan larga existencia. Debieran existir, al menos, otras dos. Una, de incineración, correspondiente a los primeros siglos antes de Cristo, y otra de los siglos I, II, y III de nuestra era, con epigrafía.

Quizás el hallazgo más interesante de este castro haya sido el de una tesera de bronce -Tesera / Gauriesis / Magistratu / Turi- posiblemente de época republicana. Perteneció a la colección de don Serafín Tella y hoy se halla, lamentablemente, en paradero desconocido.

 

 Castro de Las Merchanas visto desde el Mirador

El gran legado de Las Merchanas.

El castro prerromano guarda las huellas de diez siglos de vida que permanecen escondidos tras su imponentes murallas de granito. Las primeras intervenciones para su recuperación han dejado al descubierto algunos sorprendentes hallazgos.

 

Lumbrales y su entorno poseen una gran riqueza arqueológica, con varios yacimientos diseminados por sus campos. Situado entre los ríos Yeltes, Águeda y Duero, bañado en sus cercanías por el Camaces, la zona presentó unas condiciones óptimas para ser habitado por los pueblos de la antigüedad.

Uno de los vestigios más importantes, a nivel provincial, del pasado prerromano es el castro de Las Merchanas, datado en el siglo V antes de Cristo y habitado hasta la última época romana (en torno al siglo V). Los castros son el habitat característico de los pueblos perromanos del centro y el noroeste de la Península Ibérica. El castro de Las Merchanas está situado en la confluencia del regato de Vallitorredondo con el río Camaces, en un lugar en el que las masas de granito que se desploman sobre el río forman una península de fácil defensa. En la zonas no limítrofes al río, el recinto, de forma ovalada y con 9 hectáreas de extensión, está cerrado por una gruesa muralla, construida con piedras de granito perfectamente encajadas entre sí.

Este recinto fortificado ha empezado a ser puesto en valor en los últimos meses a raíz de las primeras intervenciones para su restauración, promovidas a través del Proyecto Castros y Verracos en la frontera Hispano-portuguesa incluido en el programa Interreg III-A.

La retirada de la cerca de piedra que durante siglos ha cerrado lo que ha sido una finca ganadera, ha dejado al descubierto, además del lienzo original del entorno de las dos puertas del recinto, dos enigmas arqueológicos. Por una parte, un lienzo de muralla de más de 15 metros de longitud en perfecto estado de conservación y además los sillares, el dintel y las jambas de una puerta, posiblemente, de época romana.

El hallazgo más importante de este Castro ha sido una tessera de bronce que ofrece sus caracteres hechos a puntos y en el que se puede leer: -Tesera / Gauriesis / Magistratu / Turi- haciendo referencia posiblemente a dos ciudades, Coria y Turium. Debieron existir otras dos necrópolis correspondientes a los primeros siglos antes de Cristo una, y la otra a los siglos I, II, III de nuestra era.

 

El complemento del Museo Arqueológico.

Los interesantes hallazgos que han dejado a la vista las primeras intervenciones en las puertas del castro han quedado depositados, temporalmente, en el Museo Arqueológico de Lumbrales. Se trata de varias piezas de piedra, entre ellas los fragmentos del dintel y las jambas de la puerta construida, al parecer, en época romana, además de un pileta con una hilera lateral de hoyos y piedras de molino circulares.

Con estas piezas se enriquece el ya interesante centro museístico, ubicado en la Torre del Reloj, en la Plaza Mayor de Lumbrales. Abierto al público en diciembre de 1997, este museo recoge restos arqueológicos del paleolítico inferior, el calcolítico, la Edad del Hierro y de la época romana encontrados en distintos lugares de la comarca del Abadengo y su entorno, que han sido donados por dos apasionados de la arqueología a estos museos.

Las piezas están distribuidas en las tres salas de las dos plantas del edificio, siguiendo un orden cronológico y con una explicación didáctica que permite adquirir una clara visión de los diferentes momentos culturales de la prehistoria. Están expuestas piezas bifaces y hendedores tallados en cuarcita del Achelense Superior, a un gran surtido de puntas de flecha, elementos de hoz, pesas de telar y fragmentos de cerámica decorada de la época calcolítica. De la etapa romana hay monedas con las efigies de Augusto y de Constantino, además de tégülas y restos de grandes vasos.

La planta segunda de la Torre del Reloj está dedicada al castro de las Merchanas, con fotografías, planos y algunas piezas curiosas recogidas en el recinto, como una calavera, un fragmento de una cuenta de collar y restos de cerámica y tégulas.

Más información sobre el  MUSEO ARQUEOLÓGICO.

 

 LOS DATOS.

BIEN DE INTERÉS CULTURAL.

El primer reconocimiento del valor patrimonial del castro de Las Merchanas tuvo lugar en el año 1931 con la declaración de Bien  de Interés Cultural. El interés por este monumento se ha plasmado en esporádicas actuaciones como la excavación llevada a cabo por Maluquer de Montes en 1950.

HALLAZGOS.

Esta excavación reveló los restos de un edificio de época romana en cuyo interior se hallaron, entre otras piezas, fragmentos de una escultura de mármol, quizás de un emperador, que atestiguarían la existencia de un destacamento militar  que vigilaría las explotaciones mineras cercanas.

LOS VERRACOS.

Uno de los hallazgos más importantes es, sin duda, el verraco. Esta escultura zoomórfica de granito, sin patas ni peana, que tendría como misión proteger el ganado y los campos, fue trasladado a Lumbrales en los años 80 y permanece expuesto en la vía pública, frente a la vivienda de la familia propietaria del castro, que con la cesión del monumento al Ayuntamiento ha permitido la puesta en marcha de su recuperación. En la villa lumbralense hay otro verraco, conocido como Burro de la Barrera.

Verraco procedente de Las Merchanas

Burro de la Barrera

GRABADO RUPESTRE.

La reciente limpieza de parte de las murallas ha dejado al descubierto, además de la puerta romana y un desconocido muro, varios grabados rupestres, entre ellos la figura de un caballo labrada con un trazo fino y continuo, similar a las existentes en el castro de Yecla de Yeltes.

EL MIRADOR.

El recinto fortificado del castro, prerromano se puede contemplar desde el mirador acondicionado recientemente por la Diputación, donde se ha instalado un punto de información interactivo que presenta al visitante el importante monumento que tiene a la vista. Además, el camino de acceso al castro y al mirador, se ha musealizado. También se presenta este y todos los de la Ruta de los Castros y verracos de la frontera hispano-portuguesa en el centro de visitantes de La Casa de los Condes.

Mirador

 (Publicado en El Adelanto el día 19 de octubre de 2005)

 

Río Camaces Sendero Molino Muralla rehabilitada Piedras hincadas Muralla

Las Merchanas desde el aire. (Fotografía obtenida del Sigpac)

(Cliclear sobre los diferentes lugares para ver las fotos correspondientes)

 

UN POCO DE HISTORIA...

Aunque este tipo de asentamientos fortificados no pueden remontarse más allá de los inicios de la segunda Edad del Hierro, en torno al 500 a. de J.C., algunos materiales encontrados pueden hacer pensar que la raíz del castro fuese anterior.

Los habitantes indígenas originales -vettones- sufren una intensa celtiberización a partir del siglo III a. de J.C. (aparición de cerámica de tipo industrial hecha a torno).

Los primeros vestigios de romanización son de comienzos del siglo I de nuestra Era, perdurando hasta la destrucción final y definitivo abandono del castro sobre la segunda mitad del siglo V, quizá durante las contiendas entre suevos y visigodos.

De esta época son los restos del edificio público que se conserva en el centro del castro y la necrópolis de inhumación tardorromana (siglos IV - V) así como abundante material arqueológico (piedras de molino, tégulas con los sellos de los artesanos, pesas de telar, cerámica estampillada e incisa, "terra sigillata", etc.)

LA MURALLA

Levantada directamente sobre la roca superficial sin especial cimentación, se adapta perfectamente a la morfología del terreno.

La técnica constructiva se realiza a base de dos paramentos (interior y exterior) en sillarejo de granito perfectamente encajado con un relleno de piedra suelta en capas horizontales. La altura media es de 2 metros que alcanza 3 en varios tramos. En cuanto al grueso del muro es muy variable, oscilando entre 1,5 y 6 metros incluso hasta 8 en algunos puntos.

En el recinto amurallado se abren dos puertas y dos portillos, siendo la puerta de oriente la principal, franqueada por dos imponentes incurvaciones de la muralla en forma de torreones que dibujan una entrada en embudo.

Frente a esta puerta existe una extensa zona de piedras hincadas cuya finalidad era dificultar el ataque de la caballería por sorpresa.

HALLAZGOS.

Fíbulas y Hebillas de bronce, vasijas de pasta y cerámica y cuchillos o cinceles de hierro son algunos de los objetos encontrados en el recinto.

EMPLAZAMIENTO.

Marcadamente defensivo, el recinto amurallado cierra un perímetro elipsoidal cuyo eje mayor es de 375 metros y el menor 194 metros.

La acrópolis ( zona alta ) de la parte occidental del castro es de roca granítica que se despeña sobre el río Camaces, razón por la que fue innecesario construir muralla en aquella zona.

 

CARTA ARQUEOLÓGICA DE SALAMANCA.

Por Juan Maluquer de Motes Nicolau. (1956)

Plano general del castro de "Las Merchanas"

Castro de Las Merchanas.

Uno de los más interesantes castros salmantinos es el de Las Merchanas, en Lumbrales, conocido en esta localidad con el nombre de Castillo de la Merchana por hallarse en la partida de este nombre o Iglesia de la Merchana, nombre con que se designa un paredón romano que se conserva en una altura de cuatro metros en el centro del recinto amurallado. El castro es también conocido de los vecinos del pueblo de Bermellar, puesto que la muralla norte se desarrolla de modo paralelo a una pared moderna que sirve de límite entre ambos pueblos, situada sólo a 21 metros de distancia y se designa con el nombre de Castillo de Manzano.

El castro se halla a unos 7 kilómetros del pueblo de Lumbrales y para llegar a él es preciso recorrer 5 kilómetros de la carretera hacia el pueblo de Cerralbo hasta el puente sobre el río Camaces. Desde el puente, por un camino que sigue el margen derecho y se eleva a media ladera, se sigue hasta la Casa de la Merchana, desde donde se ve claramente la imponente muralla.

El recinto amurallado cubre una superficie de alrededor de 5,3 hectáreas  y de forma que encierra en su interior dos tesos, uno completamente aislado rodeado en sus dos tercios por un bucle del río Camaces. Entre ambos se extienden tierras de labor que constituyen el núcleo principal de las viviendas del poblado, conservándose en su parte alta restos visibles de un gran edificio romano en parte excavado. La naturaleza del terreno hace que más de la mitad del recinto englobado por la muralla sea prácticamente nulo para habitarse, por lo que la capacidad total viene muy disminuida y puede dar la sensación de tratarse de un castro mucho mayor de lo que en realidad fue. La acrópolis de la parte occidental del castro es de roca granítica que se despeña sobre el río hasta el punto de que en dicho sector fue innecesario construir muralla.

 

Ajuar de la sepultura nº 4

Bote de cobre recubierto de hierro de la sepultura nº 17 y vasija de la sepultura nº 14

- La muralla.

Con excepción del pequeño recodo de la acrópolis a que hemos aludido, el resto aparece cerrado por una gruesa y regular muralla construida con piedra seca perfectamente encajada a pesar del pequeño tamaño de la piedra utilizada, que raras veces supera los 0,60 metros de longitud. Su técnica constructiva es, por consiguiente, análoga a la de las murallas de Yecla y otros castros. Dos paramentos, el exterior con talud y en el interior piedra colocada sin orden pero en capas horizontales, La muralla se adapta perfectamente al terreno. Se levanta sin cimientos sobre la superficie de roca y sube y baja según la pendiente del terreno, observándose como particularidad que, en general los paramentos son bastante rectos y no ofrecen las sinuosidades características por ejemplo del paramento oeste de Yecla y de la muralla del castro de Las Cogatas.

El eje mayor se extiende de Este a Oeste y en la muralla se abren dos puertas y dos portillos. Las puertas al Sur (sobre el río) y al Sudeste, los portillos al Norte y Oeste. De las dos puertas principales, la del Sudeste constituye sin duda la puerta normal de entrada al castro. Está formado por dos curvaturas de la muralla en forma de embudo y forma un camino por el interior del castro que, dando un rodeo por un manantial, lleva directamente a los restos del edificio romano del centro (véase el plano general). La muralla junto a la puerta, conservada en altura superior a los dos metros, tiene una anchura de tres hacia el Sur y seis hacia la parte Norte. La puerta meridional sobre el río aparece hay cegada y es difícil, sin una excavación más intensa, establecer su verdadera estructura, pero estaba formada por un callejón en esviaje con una incurvatura muy reforzada de la muralla que alcanza una potencia de 9,50 metros en dicho punto.

El paramento meridional sigue sensiblemente paralelo al lecho del Camaces y aparece relativamente arruinado por hundimiento del paramento externo. El paramento oriental se conserva muy bien, con altura siempre superior a dos metros y anchura regular de seis. En la parte exterior existen paredones que señalan pequeñas cortinas utilizadas para plantar almendros que suponemos son de factura moderna.

Desde el ángulo del NE., no señalado por torreón especial, la muralla desciende relativamente recta hacia el río y disminuye de espesor, conservándose en alturas variables alrededor de los dos metros hasta un pequeño portillo en el centro del paramento Norte que da paso a la necrópolis, y a partir del cual la muralla cambia algo su orientación. Junto al portillo la muralla tiene solamente 2,56 metros de grueso, pero a la izquierda se desarrolla fuera de la muralla, como construcción propia, un torreón circular de 11,50 metros de diámetro que constituía la defensa del portillo que conducía a través de la necrópolis de última época a una cercana fuente aun activa. En el NE., una rotura de la muralla parece indicar la existencia de otro portillo para bajar al río sin que aparezca fortificación alguna frente a él por ser totalmente innecesaria.

En conjunto, el recinto murado es algo. menos fuerte que el de Yecla, y todo el esfuerzo se dedica hacia el Este;  único lugar por donde era posible un ataque de envergadura. Para prevenirlo; precisamente delante de la muralla y en una, extensión de más de cincuenta metros, aparece un campo sembrado de piedras hincadas, sistema defensivo análogo al señalado por Blas Taracena para muchos castros de la alta cuenca del Duero. En este campo de piedras hincadas, a unos 45 metros de la entrada principal, apareció un tosco verraco de granito.

- Las excavaciones.

Se han efectuado excavaciones en cuatro lugares de ese castro al objeto de establecer las líneas generales de su desarrollo. Estos lugares son:

a) el edificio romano que aparece en su centro, del que sobresale un paredón de cuatro metros de altura junto a grandes terroñas formadas por la destrucción de las paredes romanas.

b) una cata efectuada en el centro de la cortina cultivada del Oeste del castro.

c) pequeña cata junto a la muralla Norte.

d) excavación de un sector de la necrópolis que se desarrolla pegada a la muralla Norte por el exterior.

Aparte se han efectuado pequeños sondeos para ver la estructura de la muralla en particular junto a la puerta meridional. No ha empezado todavía la excavación del núcleo principal de viviendas por tratarse de terreno en cultivo y carecer de la oportuna autorización. Los resultados han sido en realidad bastante homogéneos y permiten una relativa visión general. No ha podido establecerse el momento inicial de la construcción de este castro, pero sí de un moda claro su destrucción final y abandono en un momento avanzado dentro de la segunda mitad del siglo V de nuestra Era.

- El edificio romano.

Planta del edificio romano de "Las Merchanas"

La presencia de un alto paredón exento, orientó las primeras excavaciones efectuadas dentro del Plan Nacional, y el resultado de la excavación puso al descubierto parte de un edificio totalmente arruinado, constituido por tres departamentos rectangulares escalonados, de las que apenas se conservan los cimientos, a excepción del muro maestro, que sobresalía.

La estancia A constituía una habitación rectangular de 9,30 por 6 metros, pavimentada simplemente con barro pisado, que descansaba directamente sobre roca en la mitad Norte. Esa afloraba por detrás del edificio hasta el punto que para regularizar el terreno, cuando se construyó el edificio, fue necesario recortar la roca en ángulo y en una profundidad de más de 0,60 metros en el punto a. Junto a la pared oriental, en la forma indicada en el plano, existía una pequeña plataforma de 0,20 de altura, 1,50 de largo por 0,90 de ancho. Sobre el suelo de la estancia, en los lugares marcados con cruces en el plano, aparecieron numerosos fragmentos de esculturas de mármol, en parte calcinados, con la particularidad de que en muchos fragmentos, la cara que se hallaba directamente en contacto con el suelo aparecía intacta, mientras las partes restantes habían sufrido una gran calcinación. La parte central de la estancia que aparece rayada en el plano, apareció con una capa de grano de mármol semejante a sal gruesa, y en ella un fragmento muy calcinado de una pequeña ara que conserva restos de una letra.

Los muros a-b, a-c y d-e fueron levantados de una vez, Por el contrario, el muro g-f, que cierra la habitación A por el Sur, monta decididamente sobre el d-e que terminaba en un grueso sillar de esquina de 1,50 por 0,70 y que forma unidad con el muro e-h. Sin embargo, las estancias A y B no constituían una unidad, puesto que la B se hallaba 0,50 metros más baja y carecía igualmente de pavimento.

La estancia B, situada 0,50 metros más baja, y de la que ha desaparecido la pared oriental, formaba un rectángulo de 6 por 4,10 de ancho. Unos 0,20 a nivel inferior, se desarrolla la estancia C, que a dos metros y medio se pierde totalmente por la fuerte inclinación del terreno natural sin que se puedan dar las características primitivas. En el ángulo D apareció restos de un pavimento rojo de tegulas machacadas, cuya excavación no se siguió por desarrollarse bajo una inmensa terroña formada por la casi totalidad de la piedra del edificio.

El muro a-b, conservado en una altura de unos cuatro metros, posee tres líneas de mechinales, dos de los cuales corresponden al parecer a estancias situadas a la parte oriental totalmente desaparecidas, incluso los cimientos, debido a la gran pendiente del terreno. Una cata realizada con vistas a completar por ese lado la visión del edificio no dio resultado. El muro m, moderno, fue levantado y rectificado. Entre sus piedras aparecieron utilizados también fragmentos de estatuas de mármol.

En el interior del edificio, el cribado de la tierra, aparte de los mármoles calcinados, ofreció tan sólo fragmentos escasos de tegula plana y algunos trozos de cerámica sigillata tardía con decoración de círculos, un fragmento de un vasito de vidrio y en el rincón g, un amuleto ? de bronce de los llamados osculatorios, con un gallito en su extremo. En este mismo punto aparecieron los mayores fragmentos de estatua que han permitido obtener parte del cuerpo de un personaje togado, perteneciente a la parte inferior de una estatua cuyo busto podía cambiarse a voluntad.

 

Sigillata tardía hallada en el edificio romano de Las Merchanas

Fragmento de estatua de mármol

 

En conjunto son varios centenares los fragmentos muy pequeños de estatuas de mármol recobrados. Por la presencia de dos frentes con su nariz, sabemos que por lo menos habría dos personajes, uno, de seguro, masculino. La gran cantidad de fragmentos de pequeños pliegues hacen pensar también en la posibilidad de la existencia de una figura femenina. Hay restos de molduras que pertenecen a una inscripción de la que sólo se conserva una letra, más el fragmento de ara mencionado. Finalmente, también en la estancia A, apareció un pequeño bronce de Magno Máximo (383-388).

- Excavación en el sector W.

En el centro de la cortina del Oeste se efectuó un sondeo estratigráfico al objeto de ver si podía obtenerse una cronología relativa para clasificar la cerámica muy mezclada que se recoge superficialmente. El resultado fue el hallazgo de un muro a 1,20 de profundidad y de un piso de vivienda a dos metros, La tierra aparecía sin remover sólo a partir de la altura conservada del muro ,es en lo que constituía el interior de la vivienda, donde se halló un curioso hogar situado a más 0,25 metros, del suelo, sobre una pequeña plataforma ultrasemicircular, con pared de piedra bien arreglada y hogar de barro enlucido. La cerámica recogida, totalmente atípica, parece responder a las especies locales de época tardo romana pero no se halló sigillata de ninguna clase, ni barnizada; y si solamente fragmentos de cacharros toscos con base plana y pasta micácea de coloración pardo escora, cacharros análogos a los que se recobraron en el vertedero exterior del castro donde se halla la necrópolis.

Utensilios de carpintero de la sepultura nº 17

 

Parte del ajuar de la sepultura nº 17

 

- Cata junto a la muralla.

Una cata iniciada junto a la muralla norte no dio resultado satisfactorio. Apareció mucha cerámica totalmente revuelta del tipo tosco usual, fragmentos de cerámica barnizada lisa, una fusayola y clavos de hierro análogos a los que se recogieron en la necrópolis procedentes de los féretros de madera de algunas sepulturas.

- Excavación de la necrópolis.

Los tanteos para buscar las necrópolis del castro dieron por resultado inmediato localizar una de ellas fuera del recinto murado inmediatamente junto a la muralla norte. Grandes fragmentos de tégulas y algunos huesos nos indicaron la presencia de sepulturas, luego conseguirnos información sobre la excavación de alguna de ellas y recobramos incluso un pequeño botijo procedente de una de las sepulturas violadas antes de las excavaciones.

La necrópolis se extiende entre la muralla norte del castro y la pared, que señala el límite entre el término de Lumbrales y el de Bermellar, continuándose claramente en este último término sin que se hayan efectuado excavaciones por corresponder a otra finca. En conjunto y durante tres campañas de excavaciones han descubierto 36 sepulturas (incluidas dos descubiertas antes de nuestros trabajos y que pudimos localizar y rehacer). Todas ellas son de inhumación sin tener una orientación clara y definida aunque en principio formando hiladas paralelas a la muralla.

Unas estaban constituidas por vistas formadas por tégulas a doble vertiente, otras por vistas con pequeñas lajas con cubierta de toscas losas encabelladas. A veces en algún caso tienen solera formada por tégulas aunque en general carecen de ellas. Abundan también las simples fosas excavadas en las que se depositaba el cadáver dentro de ataúdes de madera o sin protección alguna. La ladera fuertemente inclinada de la necrópolis y la erosión hace que mientras unas sepulturas aparezcan a más de un metro de profundidad, otras sobresalgan en la superficie o se hayan perdido en parte.

La mayor parte de sepulturas carecen de ajuar funerario, o poseen a lo sumo un botijo de cerámica o un vasito de vidrio, la sepultura nº4 en ataúd de madera se halló un vasito de vidrio, un botijo de cerámica gris y un amuleto de bronce con palomita en su extremo; cuchillos de hierro aparecieron en varias sepulturas y también útiles de carpintero en particular en la sepultura número 17, en la que se hallaron todas las herramientas de un carpintero (formones, espátulas, bote de la cola, etc.).

 

Cerámica de la sepultura nº 8 y vidrio de la nº 18

 

Cerámica de la sepultura nº 23

 

Cerámica de la sepultura nº 20

 

Útiles de hierro de la sepultura nº 17

 

 

Fuera del área excavada y dentro del término de Bermellar, continúa la necrópolis en todo el valle. Superficialmente se ve un sarcófago tosco exento en granito sin tapa, utilizado como abrevadero cerca de la fuente. En conjunto se trata de una necrópolis muy uniforme fechable en los siglos IV-V y que a nuestro juicio representa la última fase de la vida del castro que fue destruido en el curso del siglo V.

La presencia de sigillata lisa, las formas bien hispano-romanas de los vasos de vidrio, las monedas, etc., son todos elementos concordes para fechar el abandono de ese castro destruido posiblemente en la ofensiva de los visigodos frente a los suevos en la segunda mitad del siglo V.

Una cuestión no aclarada es el momento inicial del castro. El sistema de murallas habla claramente en favor de su construcción indígena prerromana. La defensa oriental de piedras hincadas le hace similar a otros castros parecidos. La presencia del verraco lo confirma. A unos 60 metros de la entrada oriental del castro fue hallada a principio de siglo la famosa tesera de bronce catalogada con el número 85 del inventario epigráfico que parece ser aún de época republicana. La cerámica hallada superficialmente en todo el castro (pintada con círculos rojos, etc. ) nos lleva a los siglos II-I antes de J.C. Falta sin embargo, una prueba absoluta. Lógicamente este castro debería tener por lo menos otras dos necrópolis, una indígena de incineración que hemos buscado infructuosamente, y otra con estelas de los primeros siglos imperiales. Probablemente esta última se halla ya en término de Bermellar.

No deja de ser interesante la presencia de estatuas de mármol italiano en este castro totalmente arrinconado; ello y el hecho de hallarse en el centro de una zona rica en estaño aluvial explotado aún en nuestros días, hace pensar que durante el Bajo Imperio existiera en el castro algún destacamento militar para el control y vigilancia de la producción de estaño. La presencia de estatuas con busto cambiable hace pensar también en la existencia de un culto oficial.

 

Bibliografía: GOMEZ MORENO, 1904

J. MALUQUER DE MOTES, técnica de las excavaciones, inédita.

 

 

Video realizado el 22-04-2007

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